Pero ahí no acabó el problema. Fueron varios los episodios similares que me ocurrieron, llebandome a una situación laboral nada faborable y haciendo que mi jefa y encanragadas pensaran que me lo estaba inventando para no trabajar.
Era una situación horrible. Pasaba horas y horas en las salas de espera de los centros de salud esperando una solución a mi problema, un diagnostico, una simple explicación de porqué me ocurria eso.
Pasé por la consulta de multitud de médicos y la única explicación que me daban era que tenía una contractura cervical que era la que me producía los mareos, y siempre la misma solución: reposo, relajentes musculares y no hacer movimientos bruscos.
Pasaban los dias y aquellos horribles sintomas se iban acentuando cada vez más hasta que volví a aver a mi doctor y decidió darme la baja por unos días.
A nadie parecía importarle mi situación, me trtaban como a un parásito social, me despreciaban califiacndome como "vaga" o "cuentista".
En mi empresa no sentó nada bien mi baja y a aprtir de ahí empezaron a perseguirme como si de una caza de brujas se tratara.
A la semana cojí la baja voluntaria porque ya no aguantaba las recriminaciones de mis padres y quería demostrales que estaba dispuesta a trabajar incluso estando en este estado de malestar que ni yo misma entendía.
Al volver al trbajo todo eran burlas y humillaciones hacía mi.
Frases del tipo ¿que hoy si quieres trabajar? y similares tenía que aguantar todos los días.
LLegó un momento en el que antes de ir a trabajar todos los días me metía en el baño a llorar suplicando que dejaran de burlarse de mi y que me dejaran trabajar a gusto, pero día tras día me iban hundiendo más hasta llegar al punto que tube que cojer otra baja porque aquellos horribles mareos se agravaron hasta dejarme en la cama sin poder moverme.
De nuevo volví a la rutina de los médicos, esta vez con más suerte ya que me derivaron a un especialista en neurologíapara descartar algun daño cerebral o del sistema nervioso.
Después de muchos examenes y varias visitas decidieron hacerme una resonancia magnética en la cual salió todo bién.
Aquel día que me dieron los resultados estaba contenta, pero triste a la vez era un sentimiento muy extraño. No habá nada milgno en mi cabeza, ni derrames, ni tumores ni nada que pudiera hacerme mal pero no podía entender que aquello que me pasaba, aquellos mareos, aquella perdida de vision y de audición no fuera producido por nada.
Hace ya 3 años, 3 desgarradores años desde que noté los primeros sintomas. Dicen que de lo malo nunca nos olvidamos, y debe ser cierto, porque lo recuerdo como si fuera ayer.
Era sábado, un día largo y duro de trabajo en el centro comercial.
Yo me ocupaba de la atencion al cliente y del cobro en la linea de cajas de un conocido supermercado, y recuerdo muy bien que ese día todo el centro comercial estaba a rebosar de gente.
Las encagadas me habían dado permiso de 1hora para ir a comer, ya que mi jornade de aquel dia era intensiva de 9 horas.
Mi casa estaba a 1 hora en autobús del trabajo, lo cual no me daba tiempo a llegar, de tal manera que todos los fines de semana, domingos y festivo que me tocara trabajar, tenía que comer en mcdonals, una pizzeria o llevarme el tapper con las lentejas de mi madre.
Aquel día paso a verme mi mejor amiga, Amaya. Despues de comer nos dimos una vuelta por el centro comercial en busca de alguna ganga en la sexción de textil del supermercado. De repente, un sensación extraña recorrio mi cuerpo, empecé a sudar, mis manos se adormecian y la vista se me nublaba indicandome la presencia de un mareo súbito, tube miedo, tanto que tube que salir corriendo hacia la calle abandonando a Amaya en los axfisiantes probadores.
Deprisa salí de aquella aglomeración de gente y llega hasta la calle donde me paré en un banco, me senté e intente serenarme.
Amaya salio a buscarme extrañada al no verme esperando junto a los probadores u ojenado los amplios pasillos del super. Despues de contarle detalladamente lo que me había sucedido. El diagnostico por mabas partes fue rotundo, había sufrido una bajada de tensión.
Despues de reponerme del susto, pero aún mareada fuimos a la cafetería en busca de algún refresco que pudiera devolver a mi cuerpo su nivel de tensión normal.
Se terminó mi descanso y tenía que volver a mi puesto de trabajo, y cuando Amaa me pregunto si ya me había recuperado le dije que sí y a toda prisa marché a cumplir con mis tareas.
LLegué a puesto y con mi mejor sonrisa esperé a que llegaran los clientes que se abalanzaron sobre mi caja como si de las rebajas de enero se tratara.
Una gran multitud agobiante y con prisas me inundaron inpacientes por que cobrara sus compras y resorlviera sus dudas, pero...algo iva mal, lo notaba, ese odioso mareo otra vez, las voces se me alejaban por momentos, la vista se me hacía borrosa y carente de nitidez, volvia esa extraña sensación pero con mas fuerza, como diceindome "aqui estoy y no me voy a ir" fue horrible.
Aguanté 5 nefastos minutos hasta que el mareo fue tal que tube que llamar a una compañera para que me sustituyera mientras salia al baño a intentar que mi tensión nuevamente volviera a su normalidad.
Una vez en el baño, la jefa vino muy amablemente a traerme un poco de coca cola para que se me quitara el malestar, pero después de 20 largos minutos en el baño y un monton de animos por parte de las encargadas aquel cuadro no se iba, permanecian los mareos, la sensaciín de hormigueo en todo el lado izquierdo de mi cara y esos horribles sudores.
Aurora, mi jefa decidió llamar a mis padres para que vinieran a recojerme y me llebaran al hospital para realizarme un chequeo.
Mis padres se enfador mucho cuando los llamé para que viniesen a recogerme, alegando en su "defensa" que andaban de compras.
Me senté en un banco a esperales, confundida y con ganas de llegar a casa y que todo ese mal estar se borrara para siempre de mi vida.
Niobe-, oí gritar de lejos, era la voz de mi madre que me estaba esperando unos metros mas allá.
Me acerqué a ellos esperando la típica pregunta: ¿que tal?, ¿estas bien?, pero lo único que me dijeron fue que uno no puede abandonar su puesto de trbajo porque se encuentre un poco mal.
Decidieron no llebarme al hospital porque estaban seguros de que mi malestar se debía a que mi alimentación no era equilibrada.
Despues de sermonearme y hacer que me sintiera como una estupida mi padre puso en marcha el coche para llevarme a casa.
En esos momentos me sentí extra-
ña, triste, confusa. SEntía que les
había decepcionada y que nada po-
día consolarme, pero en esos
momentos, Pablo, mi hermano pe-
queño puso su mano sobre la mia
y me sonrió como diciendome:
"yo estoy contigo".